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En Nicaragua la necesidad de combatir el problema energético y de salud domésticas se incrementa cada día más por los diferentes problemas económicos y sanitarios en que atraviesa nuestra sociedad.

La necesidad de desarrollar soluciones que satisfagan y/o reduzcan dicha situación se ve plasmada en el desarrollo de mejoras en sistemas ya existentes o bien en el desarrollo de nuevos sistemas mediante la creación de nuevas tecnologías que disminuyan estos problemas de deforestación en nuestros bosques producto del alto consumo de leña; implica la creación de estrategias que mejoren las condiciones de vida de las personas y que esto a su vez incentive el desarrollo de nuestra sociedad para saltar a un nivel cultural superior.

Para alcanzar este salto cualitativo y cuantitativo en nuestra sociedad, en el ámbito de energía doméstica, partimos del desarrollo de diferentes proyectos de cocinas mejoradas, los cuales fueron realizados en los años 80 por parte del Ministerio del medio ambiente y energía, ONG y las Universidades bajo el financiamiento de entidades de cooperación internacionales y de las propias ONG. Estos proyectos fueron desarrollados basándose en la participación comunitaria, mediante la capacitación técnica de los usuarios sobre la construcción y operación de los mismos. A estos se les suministraba las herramientas necesaria en calidad de donación y esto garantizaba la construcción de los mismos por un constructor local.

 

Este esquema de trabajo conllevó un alto costo de inversión por cocina, una calidad constructiva muy variada, poco control del entrenamiento adecuado de los usuarios en el manejo de los fogones y a un desarrollo lento de estos programas con la consecuencia de impactos muy bajos o nulos en la población en general. Desde el punto de vista tecnológico, se introdujeron fogones del tipo Lorena, Chula y CETA, las cuales muchas veces eran modificadas de acuerdo a la disponibilidad de materiales, recursos financieros y el criterio de los constructores.

Un obstáculo común a todos los tipos de fogones fueron las Chimeneas, su disponibilidad de materiales, el control de los gases durante su operación, la baja eficiencia energética, el tamaño y peso de los mismos.

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Ante esta problemática en 1999 Proleña Nicaragua inicio un programa de difusión de fogones mejorados que fue denominado ECOFOGON, inicialmente con el apoyo financiero de Trees, Water and People, una ONG estadounidense y posteriormente también con el apoyo de la USAID, a partir de la tecnología generada por el proyecto de fogones de Proleña en Honduras llamada Doña Justa, que consiste en una cocina de ladrillos con una plancha, chimenea y un quemador tipo rocket.

En Nicaragua se adapto para transformarla en una cocina movible, con una producción industrializable, facilitando su introducción en las líneas de comercialización de productos para el hogar.

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